¿Puede un espacio de trabajo condicionar el comportamiento de las personas que los ocupan?
Sí, sin duda.
De hecho, esto no tiene ningún mérito desde el punto de vista del diseño del espacio. Los Sapiens interpretamos constantemente los espacios que recorremos, ocupamos o habitamos, nos viene de serie, es consustancial a nuestro proceso evolutivo y a nuestra supervivencia, de hecho, no podemos evitarlo, y esta es, precisamente, la clave.
El espacio condiciona nuestro comportamiento a nuestro pesar.
Por lo tanto, tal vez la pregunta correcta sea, ¿podemos diseñar espacios de trabajo que condicionen el comportamiento de las personas que los van a ocupar?
Y la respuesta vuelve a ser, sí, sin duda.
La neuro arquitectura está demostrando que la luz natural, las texturas, el color, el tamaño y forma de los espacios, la transparencia, la ventilación, el confort climático …nos hacen sentir y relacionarnos de manera diferente, es decir, condicionan nuestro comportamiento.

No tenéis más que cerrar los ojos e imaginaros trabajando en un espacio muy amplio, inundado de luz solar, diseñado con texturas naturales, colores suaves y una ventana enorme desde la que veis un bosque precioso.
¿Os sentís igual que antes de imaginarlo?
Seguramente no.
Sabemos por lo tanto que conocemos algunas claves que deben tener los espacios para hacernos sentir bien y también sabemos qué herramientas utilizar para diseñar este tipo de espacios, por lo tanto, también sabemos que la dificultad no está ahí.
La dificultad, sin duda, está en saber qué es lo que queremos.
Es importante que, una vez sepamos lo que queremos, le demos un nombre, porque nombrando definimos.
Y definiendo concretamos.
Nosotros les hemos dado un nombre que nos ayuda a recordar qué queremos, les hemos llamado Espacios que Cuidan.
¿Y qué es un Espacio que Cuida?
Cuando nos enfrentamos a un diseño de cualquier tipo definimos unas premisas previas que nos dibujan el objetivo a alcanzar con ese diseño, por ejemplo y de manera simplificada, si queremos diseñar una cafetera podemos establecer como premisa previa que esta cafetera haga un café extraordinario o, por el contrario, podemos decidir que esta cafetera sea un objeto bello que hace café.
Entendido, y esto ¿Qué tiene que ver con un espacio que cuida?
En realidad, todo, porque sabemos varias cosas, sólo tenemos que ordenarlas.

Sabemos, como ya hemos comentado, que los Sapiens somos reos de nuestra propia interpretación constante e involuntaria de los espacios que nos rodean.
También sabemos que tenemos herramientas para crear espacios en los que sentirnos como decidamos.
Además, hemos aprendido a nombrar el espacio que queremos.
Ahora sólo tenemos que adherirle a este espacio todos los atributos que consideremos.
Y, ¿Cómo hacemos esto si cada uno interpretamos el cuidado de una manera?
La respuesta es muy fácil, preguntando.
Si preguntamos a las personas responsables de crear una cultura de trabajo en estos espacios y a las personas que los van a habitar en qué consiste el cuidado podremos llegar a un consenso para, desde ahí, elegir qué herramientas espaciales o de mobiliario podemos proponer para cada uno de los atributos de cuidado que se hayan definido tras las preguntas realizadas.

De esta manera tanto las personas que habitan como las que crean tendrán respuestas personalizadas a sus requerimientos y se sentirán escuchadas, atendidas y cuidadas. Y todo esto sin haber comenzado la obra.
Para conseguir un Espacio que Cuida no es necesario tener vistas a un bosque, pero sí es necesario nombrar para definir nuestra premisa previa, como con la cafetera, y saber, antes de empezar, qué objetivos queremos cumplir con nuestro diseño, porque las herramientas para hacerlo realidad ya las tenemos, ahora únicamente tenemos que preguntar, y cuidar.





Josu Iriarte
CEO Grupo TEO
Espacios que Cuidan