Entrevista a Judit Solans.
Durante décadas, el camino hacia la vida adulta parecía bastante claro. Estudiar. Encontrar un trabajo estable. Progresar profesionalmente. Construir una vida alrededor de esa estabilidad. Era un modelo relativamente sencillo de explicar y relativamente fácil de entender. Pero ese guion hoy está cambiando.
Las nuevas generaciones están entrando en el mundo laboral con preguntas distintas, expectativas diferentes y una relación con el trabajo que muchas veces desconcierta a las generaciones anteriores.
¿Buscan lo mismo que antes? ¿Están menos comprometidos con el trabajo? ¿O simplemente están intentando vivirlo de otra manera?
Estas preguntas están en el centro de la conversación que mantenemos en Achompañados con Judit Solans, creadora del proyecto "Readulteando" y autora del libro "Me bajo de la vida adulta", donde reflexiona sobre lo que significa entrar en la vida adulta en un contexto lleno de cambios e incertidumbre.
Y si algo queda claro tras escucharla es que el trabajo sigue siendo importante para los jóvenes, pero la forma de entenderlo está evolucionando profundamente.

La generación que creció sin un manual
Una de las ideas que atraviesa el libro de Judit es muy sencilla y, al mismo tiempo, muy poderosa: “nadie nos enseña realmente cómo convertirnos en adultos”.
La realidad laboral actual es más cambiante, las carreras profesionales son menos lineales y las expectativas sociales han evolucionado. Judit plantea preguntas que muchos jóvenes se hacen en silencio:
¿Quién decidió a qué edad debemos tener la vida resuelta? ¿Quién dijo que todos debemos seguir el mismo ritmo? ¿En qué momento aceptamos que vivir con estrés constante era lo normal?
Estas preguntas reflejan algo más profundo: una generación que está cuestionando los modelos heredados para construir otros nuevos.
El trabajo sigue siendo importante… pero no lo es todo
Uno de los cambios más visibles en la relación de los jóvenes con el trabajo es el lugar que ocupa dentro de su identidad. Durante décadas, la profesión fue uno de los pilares principales de la identidad personal. Cuando alguien preguntaba “¿a qué te dedicas?”, la respuesta no solo describía un empleo, sino también quién eras. Hoy esa relación está cambiando. Muchas personas jóvenes siguen valorando el trabajo, el aprendizaje y el desarrollo profesional, pero al mismo tiempo buscan que su vida no quede completamente absorbida por él. En lugar de construir toda su identidad alrededor de la carrera profesional, intentan encontrar un equilibrio entre distintas dimensiones de la vida:
● relaciones personales
● bienestar emocional
● crecimiento personal
● tiempo propio
● trabajo con sentido
No se trata de trabajar menos o de comprometerse menos. Se trata de trabajar de una manera que permita vivir mejor.
El peso invisible de las expectativas
Otra de las reflexiones de las que hablamos tiene que ver con las expectativas que pesan sobre quienes están empezando su vida profesional.
A muchos jóvenes se les pide que tomen decisiones importantes —qué estudiar, a qué dedicarse, qué camino profesional seguir— cuando todavía están intentando descubrir quiénes son. Y eso genera una presión silenciosa.
La presión de encontrar rápido la vocación. La presión de elegir correctamente. La presión de no equivocarse.
Sin embargo, una de las ideas que Judit defiende es que la exploración forma parte del proceso de crecer. Cambiar de camino, probar distintas experiencias o replantearse decisiones no significa fracasar. Significa aprender. En un mundo laboral cada vez más dinámico, esa capacidad de adaptación puede ser incluso una de las habilidades más valiosas.
La redefinición del éxito
Quizá uno de los cambios más profundos que están impulsando las nuevas generaciones tiene que ver con el concepto de éxito. Durante mucho tiempo, el éxito profesional estuvo asociado a una combinación bastante clara de factores: estabilidad, ascenso, salario y reconocimiento social. Pero hoy muchas personas jóvenes están empezando a redefinir ese concepto. Para algunos, el éxito puede significar tener un trabajo que no invada su vida personal. Para otros, puede ser trabajar en algo alineado con sus valores. Y para muchos, el éxito está cada vez más relacionado con algo que durante años quedó en segundo plano en el mundo laboral: el bienestar emocional. No es casualidad que términos como “salud mental”, “equilibrio” o “propósito” aparezcan cada vez más en las conversaciones sobre trabajo.
Escuchar antes de juzgar
A veces estas nuevas actitudes generan incomprensión. Hay quien interpreta esta mirada como falta de compromiso o como una generación demasiado exigente. Pero quizá la realidad sea otra. Quizá estamos viendo simplemente a una generación que ha crecido en un contexto diferente y que está intentando construir una relación más consciente con el trabajo. Por eso conversaciones como la que mantenemos con Judit Solans en Achompañados son tan valiosas. Porque nos permiten entender que hablar de felicidad laboral no consiste únicamente en implantar nuevos roles o nuevas políticas dentro de las empresas. También implica algo mucho más básico y, a la vez, mucho más transformador: escuchar cómo las personas viven hoy el trabajo.
El futuro del trabajo también se construye escuchando
Las nuevas generaciones no están rechazando el trabajo. Están intentando redefinir el lugar que ocupa en sus vidas. Y entender esa transformación es fundamental para las organizaciones que quieren construir culturas laborales más humanas y sostenibles. Porque el futuro del trabajo no lo decidirán solo los directivos, los expertos o las empresas. También lo decidirán quienes hoy están dando sus primeros pasos en el mundo profesional. Y quizá el primer paso para comprender ese futuro sea tan simple —y tan poderoso— como esto: sentarnos a escuchar.
🎥 Te invitamos a ver la entrevista completa aqui:
#FelicidadLaboral #BienestarLaboral #CulturaEmpresarial #NuevasGeneraciones #Achompañados
La generación que está cambiando las reglas del trabajo.